La revista «Aula» de Editorial Graó, publica en su número 282, de mayo, un artículo en el que escribo sobre la hegemonía de la lecto-escritura en nuestro sistema educativo y sobre todas las formas de exclusión que provoca a determinados alumnos y alumnas. Lo he llamado «Lo que no es lectura ni escritura».

la imagen muestra el artículo extraido de la revista
Revista Aula, núm. 282

Os dejo aquí una versión ampliada del artículo que espero que circule mucho por redes sociales para concienciarnos sobre el problema que genera en nuestro alumnado.

 

El Imperio Segregador de la Lecto-Escritura

Que la lectura y la escritura son los grandes ejes de la educación de nuestro sistema educativo no lo duda nadie. Se trata de los contenidos que nos permiten acceder al conocimiento y la información; que nos otorgan el privilegio de expresar nuestras ideas y de comprender las de los demás; y que, en definitiva construyen nuestra propia personalidad. Pensar en alumnos que no adquieran estas habilidades nos lleva directamente al fracaso de la escuela.

Pero… ¿son los únicos medios válidos para acceder a la información y la comunicación?

Los bloques de contenidos relativos a la lectura y escritura se tornan como indispensables para que el alumnado adquiera un mínimo nivel competencial. Y como la escuela es conocedora de lo indispensable que es este conocimiento, hace ya varias décadas que se decidió que debía ser el objetivo principal a perseguir en el alumnado.

Y por esto se han completado normas y leyes destinadas a dar prioridad a las formas de expresión del alumnado, dando un valor propedéutico y desorbitado a estos bloques de contenido, poniéndolos por delante del resto de aprendizajes esenciales para la vida.

De toda esta experiencia acumulada ha tomado buena nota nuestro profesorado actual, desvirtuando el valor del aprendizaje real de los alumnos y alumnas al aplicar un inapelable filtro evaluador de sus capacidades de expresión escrita y comprensión lectora. Al perecer, en los tiempos que corren no importa tanto que el alumno o alumna haya logrado experimentar, sentir, reflexionar o incluso generar su propia idea y aplicarla en otros contextos, como el hecho de que sea capaz de explicarla por escrito. No importa que el alumnado entienda  y se emocione con una idea si no es capaz de leerla.

 

pintura en rojo de un árbol
Imagen de Pixabay con Licencia CCO

En las redes sociales podemos encontrar miles de rúbricas que miden la capacidad de expresión, de redacción, de descripción, de narración, de exposición oral o cualquier otra para evaluar contenidos que nada tienen que ver con los aprendizajes propios del área evaluada.  Y además se ponderan sin escrúpulos estas herramientas por encima de otros procedimientos más basados en el aprendizaje como la observación, el análisis de tareas o las evidencias de aprendizaje. Como diría mi amigo Enrique Guerrero, cometemos un fatal error ponderando la calificación según el instrumento de evaluación que usamos (examen escrito, oral, tipo test, redacción, resumen…), y que normalmente pasa por la lecto-escritura. Pero además también tenemos una creencia errónea pensando que esta lectoescritura debe hacerse obligatoriamente en lápiz y papel, dejando sin opciones a aquellos alumnos que podrían expresarse con Tecnologías de Asistencia como predictores de textos, conversores voz a texto…

De este modo, evaluamos a un alumno o alumna lo que ha aprendido sobre el relieve de España según sepa expresarlo de forma escrita. Calificamos sobre 10 si es capaz de leer, comprender y redactar una frase textual  sobre el tema, y su comprensión real sobre el tema se relega a unas evidencias sin importancia que no encajan en un modelo lecto-escritor.

Desde esta perspectiva es fácil darse cuenta de que hay dos bloques de contenidos dentro de todo el currículo educativo que se evalúan de forma permanente, te sitúes en el área que te sitúes. Así, alumnos que no tengan grandes dotes de lectura o escritura para acceder a la información; o aquellos que no dispongan de una gran fluidez expresiva en la escritura, siempre tendrán que pasar por el yugo de este tipo de evaluación, aunque hayan mostrado un gran interés por la temática trabajada, hayan asimilado el contenido e incluso hayan dado evidencias de saber aplicarlos a contextos nuevos (fin último de la enseñanza).

Suspendemos sistemáticamente en cualquier área a alumnos y alumnas

que no alcanzan los criterios previstos para dos bloques,

solo dos bloques de contenido de todo el currículo,

aunque no estemos trabajando el área de Lengua Castellana y Literatura

Docente, ¿qué dice el criterio de evaluación de tu área de Geografía, Sociales, Educación Física o Tecnología? ¿dice que sepa leer o escribir? ¿dice que sepa aplicar los contenidos del área específica para resolver problemas complejos?

Entonces ¿por qué usas un instrumento de evaluación que solo te define si sabe leer o escribir?

Dejemos ya de suspender a los alumnos y alumnas en todas las asignaturas por no aprobar dos bloques de contenidos. Si el encargado del área de Lengua Castellana y Literatura decide que no alcanza estos dos bloques, sería justo suspenderlos e intentar trabajar para recuperar los procesos de lectura y escritura, pero si no es tu caso, si no evalúas este área sino otra, por favor, no hagas intrusismo con tu compañero de Lengua y evalúa solo si ha adquirido los saberes de tu área.